Es un trastorno neuronal que se caracteriza por crisis convulsivas periódicas de distintos tipos que son el resultado de un exceso de descargas eléctricas por parte de las células del cerebro.
La existencia de la Epilepsia se conoce desde tiempos remotos. Incluso, en el siglo VII A.C. ya se hablaba de la enfermedad aunque no se le había descrito clínicamente ya que se le relacionaba con un castigo divino. Fue hasta que Hipócrates determinó que el origen de la epilepsia estaba en el cerebro, que se le consideró como una enfermedad y a partir de ahí fue estudiada por teóricos y médicos a lo largo de los siglos.
Actualmente se sabe que la epilepsia es una alteración de la actividad eléctrica normal del cerebro. Cuando las neuronas comienzan a tener una actividad desordenada, sobreviene súbitamente una descarga eléctrica anormal, que se caracteriza por ser excesiva, pero breve, afectando durante algunos segundos o minutos diversas partes del cerebro que controlan ciertas funciones corporales.
Esta descarga anormal de impulsos eléctricos provoca ataques o crisis convulsivas pasajeras que culminan tan súbitamente como inician.
Las crisis pueden caracterizarse por pérdida del conocimiento, estado de ausencia, movimientos musculares sin control, desmayo o convulsiones.
No todos los pacientes presentan el mismo tipo de crisis, la cantidad y combinación de síntomas es variable de persona a persona.
Las causas del envío anormal de impulsos eléctricos neuronales pueden ser diversas, mismas que a su vez se consideran factores de riesgo: Cuando alguna o varias de éstas están claramente identificadas, la enfermedad recibe el nombre de Epilepsia Sintomática o Epilepsia Secundaria.
Sin embargo, en la mayoría de los casos -7 de cada 10-, la causa de la epilepsia es desconocida y se le conoce como Epilepsia Idiopática.
Se calcula que a nivel mundial hay 50 millones de personas que padecen Epilepsia.
Debido a que la Epilepsia proviene de un desorden en la actividad eléctrica de las neuronas, existen factores que pueden provocar dicha alteración:
La Epilepsia se caracteriza por provocar ataques o crisis que pueden tener uno o varios de los siguientes síntomas:
El diagnóstico de la Epilepsia se basa principalmente en la historia clínica del paciente. Además, el médico preguntará por las condiciones y detalles en los que se dio el ataque que motivó la consulta: qué estaba haciendo el paciente, los síntomas del ataque y lo que sucedió posteriormente.
Sin embargo, la presencia de un solo ataque de epilepsia no es suficiente para diagnosticar al paciente como epiléptico, sino que se requieren al menos dos episodios para diagnosticar certeramente.
El Electroencefalograma es una de las herramientas que ayuda al especialista a confirmar el diagnóstico clínico, así como algunas otras técnicas de imagenología, como la Resonancia Magnética y la Tomografía Axial Computarizada.
A lo largo del tiempo se han identificado cuatro tipos de tratamiento:
Tratamiento Farmacológico
Los medicamentos disponibles para el tratamiento de las crisis producidas por la Epilepsia están enfocados a disminuir los ataques, ya sea en su cantidad o severidad, y en el mejor de los casos, evitarlas con los menores efectos secundarios posibles.
Tratamiento Quirúrgico
Es útil cuando se ha identificado la causa por la cual se produce el desorden en los impulsos eléctricos neuronales y ésta puede removerse mediante cirugia .
Tratamiento Local
Se aplica una estimulación del nervio vago mediante descargas eléctricas intermitentes de baja intensidad mediante un dispositivo implantable.
Tratamiento alimenticio
La dieta cetogénica se implementa ocacionalmente en niños epilépticos y consiste en la modificación de los hábitos alimenticios para incrementar la ingesta de grasas y reducir el consumo de carbohidratos y proteínas con la finalidad de evitar las crisis.
Este tipo de alimentación debe llevarse a cabo de manera controlada y bajo la supervisión del especialista.
Las únicas medidas preventivas son las aplicables a la Epilepsia secundaria a traumatismos craneales, por lo que se sugiere evitar realizar actividades de alto riesgo como deportes extremos sin el equipamiento y protección necesarias.
Los accidentes automovilísticos y algunas actividades laborales son otras importantes causas de lesiones en la cabeza, por lo que se recomienda implementar las medidas preventivas necesarias.
Las crisis o ataques epilépticos generalmente causan un desmayo o caída súbita del paciente, por lo que es propenso a sufrir constantes lesiones y traumatismos tanto en las extremidades como en el resto del cuerpo.
Clasificación
La epilepsia se clasifica de acuerdo las características de los ataques que sufren los pacientes, quienes pueden experimentar uno o más tipos. La clasificación depende de la parte del cerebro que se ve afectada por el trastorno eléctrico. Hasta el momento, se han identificado dos grandes tipos de convulsiones:
Generalizadas
Afectan ambos hemisferios cerebrales desde el principio de la crisis y producen pérdida de la conciencia. A su vez, se dividen en dos tipos:
Parciales
Afectan únicamente a un área del hemisferio cerebral y son las más comunes entre los pacientes con epilepsia. Se clasifican en dos tipos:
Niños
La mayoría de los niños con epilepsia responden bien al tratamiento, por lo que les es posible llevar una vida normal.
Muchos padres se preguntan si la epilepsia o el tratamiento farmacológico interferirán con el proceso de aprendizaje de sus hijos. En ocasiones la pérdida momentánea del conocimiento puede dificultar o retrasar el aprendizaje, por lo que se trata de una población propensa a mostrar bajo rendimiento escolar.
Es necesario que los padres expliquen detenidamente y en los términos adecuados qué es la epilepsia, por qué se produce y sobretodo, dejar claro que la enfermedad no es resultado de un castigo o de una conducta o pensamiento inapropiados del niño. Evitar el sentimiento de culpa es fundamental entre padres, hijos, hermanos y otros familiares.
Habrá que responder a sus preguntas cuantas veces sea necesario, y en caso de no conocer alguna respuesta, dejarle claro que en su próxima visita al especialista se le expondrán sus dudas hasta que quede satisfecho.
En muchos casos los niños que padecen epilepsia tienen una baja autoestima, a veces derivada de su autopercepeción y en ocasiones debido a la sobreprotección que recibe de sus padres y familiares.
En este sentido, se recomienda evitar la sobreprotección, tratándolo como al resto de sus hermanos o primos, incluso asignándole tareas de responsabilidad que incrementen su autoconfianza.
Siempre es importante resaltar los rasgos positivos de su persona y continuar realizando las actividades habituales de la familia.
El apoyo psicológico es de gran ayuda, tanto para el niño con epilepsia como para sus padres y familia más cercana.
Adultos
Debido a que la epilepsia puede aparecer a cualquier edad, es necesario recordar que el paciente adulto que ha sido diagnosticado también requiere apoyo para comprender y aceptar mejor la enfermedad.
Para aclarar todas sus dudas, el especialista es quien le informará de la manera más completa y científica posible sobre todos los aspectos relevantes de la epilepsia, tratamientos y pronóstico. Antes de acudir a su consulta, procure anotar las dudas que le hayan surgido a partir de la última visita al consultorio, para no olvidar los temas pendientes.
Unirse a un grupo de apoyo puede resultar de gran utilidad, para compartir experiencias con otros pacientes y sus familiares, sobre la mejor manera de convivir con la enfermedad.
Si tiene hijos, explique en términos sencillos en qué consiste la enfermedad y hágales saber que no se trata de un padecimiento mortal, así como la manera en la que tienen que actuar frente a una crisis. El objetivo es que se mantengan tranquilos en todo momento.
En el caso de los adultos mayores, podrán seguir siendo independientes aquellos que gozan de buena salud física y mental, a pesar de que los familiares muestren resistencia a este hecho.
Otro aspecto a tomar en cuenta es la interacción que se pudiera generar entre los medicamentos que habitualmente toma el paciente de edad mayor y su tratamiento para las crisis epilépticas, por lo que es necesario que los médicos estén debidamente informados de los fármacos que acostumbra el paciente.
Sin embargo, los familiares deben permanecer alerta ante los posibles cambios que manifieste el paciente, para reportarlos de inmediato al médico y adoptar las medidas pertinentes que garanticen la seguridad e integridad del paciente de la tercera edad.
En casa
Cada hogar es diferente, pero existe una serie de medidas precautorias para que los ataques epilépticos no resulten dañinos para el paciente. He aquí algunas que se pueden adaptar a cada casa o situación:
En la escuela
Es importante que el niño que padece epilepsia encuentre en la escuela un lugar seguro y confortable que al mismo tiempo le ofrezca confianza. La continua comunicación entre los profesores y los padres de familia es fundamental para lograr un ambiente seguro para el estudiante con epilepsia:
En el trabajo
Para el paciente con epilepsia es importante que su vida transcurra de la manera más común posible. Uno de los entornos en los que más pasa tiempo la población adulta es en el trabajo, por lo que la oficina se convierte en un lugar de larga permanencia y es necesario crear un ambiente confortable alrededor de la actividad laboral:
En viajes
El paciente con epilepsia, su familia y amigos no deben transformar su estilo de vida. Por el contrario, seguir realizando actividades que son del agrado del paciente y quienes le rodean es estimulante y permite la convivencia. Las vacaciones no son la excepción:
Si ocurre un ataque dentro del agua, mantenga la cabeza del paciente en la superficie y sáquelo hasta la orilla. Revise que respire correctamente o de lo contrario, aplique resucitación cardio pulmonar (previo aprendizaje) o llame a los servicios de emergencia.
La práctica de algún deporte es estimulante para el paciente con epilepsia, debido a que eleva su autoestima y su independencia, además de que favorece la integración social.
Si bien no se ha reportado que el esfuerzo físico o respiratorio sean causantes de ataques convulsivos, se recomienda llevar a cabo actividades con riesgo leve y evitar otras cuyo grado de riesgo para el paciente sea elevado.
El grado de riesgo de cada deporte está en función a los posibles daños que pudiera sufrir el paciente si es víctima de un ataque mientras se está practicando. Por eso, los deportes que se practican en superficies secas y a nivel del suelo son las más seguras.
Actividades recomendadas:
Actividades a evitar:
La relación entre el sueño y la epilepsia ha sido estudiada durante varias décadas. Aunque se desconocen los mecanismos que la provocan, se ha encontrado una estrecha relación entre la epilepsia y los ciclos de sueño.
Actualmente se sabe que el sueño afecta a la epilepsia y viceversa. Además, se ha sugerido que algunos medicamentos para el tratamiento de las convulsiones epilépticas también influyen en el sueño.
Otro de los aspectos a considerar para determinar si en un paciente la relación entre el sueño y la epilepsia es positiva o negativa, es la localización de la porción cerebral que se está viendo afectada con la actividad eléctrica anormal.
Una de las conclusiones a las que se ha llegado es que la privación del sueño o los cambios en su patrón incrementan las descargas eléctricas y por consecuencia las crisis, por lo que es indispensable procurar que el paciente tenga un sueño prolongado, continuo y reparador.
Por otra parte, también se ha documentado que la actividad cerebral durante ciertas fases del sueño puede ser causante de una transmisión eléctrica anormal, generando despertares y alterando los ciclos de sueño.
Algunos trastornos del sueño como la apnea del sueño (ronquidos) o los movimientos intermitentes de las piernas son decisivos en el aumento de la frecuencia de las crisis, por lo que, tratarlos puede ayudar a controlar la epilepsia, mejorando la calidad de vida del paciente.
Es necesario saber que de los 40 tipos de crisis epilépticas, hay algunas que ocurren cuando el paciente está durmiendo, al despertar o en estado somnoliento.
Observar al paciente antes, durante y después del sueño y proporcionar esta información al especialista ayudará a encontrar el mejor tratamiento para cada tipo de paciente en determinadas circunstancias.
Para la paciente con epilepsia es de especial preocupación saber de qué manera influye su enfermedad en aspectos como el embarazo, lactancia y la anticoncepción.
Los ciclos hormonales
Los cambios hormonales previos a los ciclos menstruales pueden alterar el curso de la epilepsia, haciendo cada vez más frecuentes las crisis en los días previos a la menstruación. Aunque este mecanismo es desconocido, aún se le atribuye al hecho de que el estrógeno afecta a ciertas células cerebrales localizadas en el lóbulo temporal del cerebro, que es uno de los sitios en los que suelen iniciar los ataques, mientras que la progesterona puede inhibir los ataques en algunas mujeres.
Hay casos en los que la paciente puede experimentar una menopausia temprana o desarrollar ovarios poliquísticos, por lo que se recomienda permanecer bajo continua observación ginecológica.
Embarazo
Las mujeres con epilepsia pueden lograr un embarazo y llevarlo a término con éxito, a pesar de que se ha detectado que la paciente con epilepsia es propensa a tener irregularidades hormonales que pueden dificultar o retrasar el embarazo, la enfermedad en sí misma no es un obstáculo para quedar embarazada.
No es posible predecir cuál será el comportamiento de la enfermedad en la mujer embarazada, ya que en ciertas pacientes el embarazo ayuda a que disminuya la frecuencia de las crisis, en otras aumenta y en una gran proporción continúan igual.
La recomendación es visitar al ginecólogo con mayor frecuencia para que dé un seguimiento puntual de la evolución del embarazo. Es importante la comunicación entre el ginecólogo y el neurólogo para determinar el tipo de tratamiento que más convenga a la mujer y sea menos dañino para el feto.
Control natal
En algunos casos, los medicamentos anticonvulsivantes inhiben el efecto de las píldoras anticonceptivas, haciéndolas menos eficaces, pudiendo resultar en una embarazo no deseado.
En situaciones como ésta, se sugiere discutir con el ginecólogo la combinación de métodos anticonceptivos más adecuada para prevenir eficazmente un embarazo, que puede consistir en la combinación de un método barrera con un anticonceptivo hormonal.
La principal consecuencia de la epilepsia es el daño que el cuerpo sufre con las caídas, por eso, los pacientes con epilepsia son más propensos a sufrir fracturas, rasguños, raspones, golpes contusos y otro tipo de lesiones corporales.
Otro de los riesgos presentes en los pacientes con epilepsia -principalmente entre las mujeres-, es la depresión, que es más común que entre el resto de los epilépticos. Una de cada tres mujeres con epilepsia desarrolla depresión. La ayuda de un profesional resulta de vital importancia en estos casos.
Alimentación
Aunque no se han identificado alimentos que contribuyan a reducir o estimular los ataques, una dieta balanceada mantendrá al paciente en un óptimo estado alimenticio y de salud.
Sin embargo, hay especialistas que recomiendan llevar una alimentación de tipo cetogénico, que consiste en incrementar la ingesta de grasas y reducir el consumo de carbohidratos y proteínas. Cuando se sugiere un cambio en la alimentación es recomendable hacerlo bajo estricta supervisión médica.
Ejercicio
Como ya se ha dicho, la práctica del deporte motiva al paciente con epilepsia, fomentando su independencia y sociabilidad. Es importante consultar qué tipo de actividades implica un riesgo menor para el paciente y comentarlo con el especialista antes de iniciarla.
Al igual que en la mayoría de las enfermedades crónicas, la epilepsia requiere del entendimiento y comprensión de las personas más cercanas al paciente, ya sean amigos, familiares o compañeros de trabajo.
La información acerca de la enfermedad y sus características son herramientas útiles para que los allegados al paciente con epilepsia entiendan la enfermedad y el comportamiento del paciente ante ciertas situaciones, además de que sabrán qué hacer y qué no hacer en caso de crisis.
Asistir a grupos de apoyo, tanto de pacientes como de familiares, ayudará a no sentirse solos en la nada fácil tarea de convivir con la enfermedad.
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