Es una enfermedad neurológica y psiquiátrica que se caracteriza por pensamientos anormales y falta de contacto con la realidad o una percepción distorsionada de la misma, lo que genera en el paciente un estado constante de confusión que le impide distinguir entre la realidad y la imaginación.
Aunque no se ha logrado establecer una causa de la esquizofrenia, hasta el momento se han identificado cuatro posibles factores:
Factores genéticos
Debido a que algunas familias parecen ser propensas a desarrollar esquizofrenia en varios de sus miembros, investigadores han sugerido que existe un factor genético o una combinación de ellos que predispone a la enfermedad, aunque no se les ha identificado.
Factores neurológicos
Un desequilibrio en los neurotransmisores, que son sustancias que se producen en las células cerebrales y son las encargadas de enviar información para que el cuerpo tenga determinada respuesta biológica, produce alteraciones a nivel psiquiátrico y neurológico.
En este sentido, la dopamina, serotonina y noradrenalina parecen jugar un papel fundamental en el desarrollo de la esquizofrenia. De acuerdo con investigaciones recientes, un exceso de dopamina podría predisponer al paciente a la enfermedad.
Factores ambientales
Ciertos eventos trágicos en la vida de una persona pueden desencadenar la esquizofrenia, como la pobreza extrema, abusos físicos o un estado permanente de violencia, así como otros que puedan afectar la salud emocional del paciente.
Factores químicos
Algunos estudios han sugerido que el abuso de drogas y sustancias psicotrópicas contribuyen al desarrollo de la esquizofrenia, e incluso su consumo empeora los síntomas en quienes ya la padecen.
A nivel mundial se estima que el 1 % de la población padece esquizofrenia.
Se han encontrado ciertos factores que pueden favorecer la aparición del trastorno de esquizofrenia en una persona:
Los síntomas de la esquizofrenia se han clasificado en tres categorías:
El médico realizará una historia clínica y familiar del paciente y evaluará la aparición de los síntomas a partir de un cambio drástico en el comportamiento del paciente. A pesar de que no existen exámenes de laboratorio que detecten la esquizofrenia, el especialista puede realizar exámenes y análisis para descartar una enfermedad adyacente.
Hay dos tipos de tratamiento para la esquizofrenia:
Tratamiento Farmacológico
Los tratamientos antipsicóticos son los más utilizados para el tratamiento de la esquizofrenia. Aunque la enfermedad no es curable, el adecuado consumo de los fármacos permitirá el control y alivio de los síntomas, de manera que el paciente pueda desarrollar sus actividades cotidianas lo más apegadas a la normalidad.
Tratamiento Psicoterapéutico
Como medida complementaria, la terapia psicológica puede ayudar a mitigar los síntomas y a controlar el comportamiento social y familiar de los pacientes, además de aprender a identificar los síntomas previos a una crisis.
Las medidas que se pueden adoptar para evitar la esquizofrenia son:
Debido a que la esquizofrenia se caracteriza por una pérdida de contacto con la realidad o una percepción distorsionada, las complicaciones están relacionadas con el comportamiento negativo o destructivo del paciente, que lo lleva a aislarse socialmente o incapacitarse para llevar a cabo actividades escolares o laborales.
Los pensamientos suicidas son frecuentes en los pacientes con esquizofrenia y en ocasiones los concretan. También son proclives a la depresión, a los conflictos sociales y familiares, a la drogadicción y alcoholismo.
Se han identificado cinco tipos de esquizofrenia:
Esquizofrenia paranoide:
El paciente se siente perseguido, observado o sospechoso. Otra característica es el sentimiento de superioridad o una combinación de todos ellos. El paciente siente rabia, ansiedad y se muestra a la defensiva en ocasiones incurriendo en conductas violentas.
Esquizofrenia catatónica
El paciente se muestra agitado y su sensibilidad al dolor se reduce de manera significativa. Suele abandonarse en su aspecto físico y permanentemente tiene pensamientos negativos. Las alteraciones motrices y su rigidez muscular lo vuelven socialmente retraído.
Esquizofrenia desorganizada
Aunque no presente alucinaciones, el paciente muestra un desorden constante en su pensamiento, en el habla y en sus actividades cotidianas. Su comportamiento es infantil caracterizado por risas inapropiadas y expresión de ideas incoherentes, además de comportamientos repetitivos.
Esquizofrenia residual
Con síntomas parecidos a los de una depresión, el paciente ya no experimenta alucinaciones ni delirios pero manifiesta una pérdida total de interés en las actividades que anteriormente le entusiasmaban.
Trastorno esquizoafectivo
El paciente experimenta una combinación de síntomas de la esquizofrenia y trastorno mayor afectivo, como la depresión.
Aunque en ocasiones las crisis de esquizofrenia se presentan de manera súbita, es posible identificar algunos signos de alerta que indican la necesidad de acudir de manera inmediata con el médico tratante:
Los desórdenes que se presentan en combinación con la esquizofrenia pueden ser:
Alcoholismo o drogadicción
Es común que el paciente con esquizofrenia desarrolle estos hábitos e incluso inicie o incremente el tabaquismo.
Existe una serie de medidas orientadas a mitigar o eliminar la aparición de los síntomas:
La idea de suicidio es un síntoma muy común en los pacientes con esquizofrenia, debido a que constantemente escuchan voces que les indican terminar con su vida o hacerse algún tipo de daño.
Si el paciente indica que va a terminar con su vida o da muestras de ello, debe ser tomado muy en serio y de inmediato solicitar ayuda profesional, ya que la tasa de suicidio en los pacientes con esquizofrenia es significativamente mayor que en el resto de la población.
Como la mayoría de los trastornos psiquiátricos, la esquizofrenia encuentra en el soporte psicológico un gran apoyo que ofrece al paciente herramientas de autoayuda para sobrellevar la enfermedad como complemento a su tratamiento farmacológico.
En las etapas agudas la ayuda psicológica no es de gran utilidad ya que el predominio sobre el paciente son las voces que escucha y las imágenes que cree forman parte de la realidad. Sin embargo, la terapia puede mejorar sustancialmente el funcionamiento social del paciente y ayudarlo a reintegrarse a su ámbito laboral, escolar o familiar en la medida que va comprendiendo el padecimiento y adquiriendo habilidades para solucionar problemas.
Los amigos, familia y pareja de un paciente con desórdenes de esquizofrenia experimentan un desequilibrio en sus relaciones interpersonales. Sin embargo, el soporte de estas personas allegadas es trascendental para el bienestar del paciente.
Si bien resulta difícil la convivencia con un paciente que experimenta esquizofrenia, los familiares y amigos deben mostrar un comportamiento comprensivo, empático y saber cómo actuar ante cada situación, por lo que deben tener una relación estrecha con el médico tratante.
Alimentación
Una alimentación rica y balanceada siempre favorece el curso de cualquier enfermedad. Además, es necesario evitar el consumo de sustancias o alimentos que puedan estimular o excitar al paciente y ponerlo en un estado de constante estrés, como el chocolate, la cafeína, las drogas y el alcohol.
Ejercicio
La relajación física es parte importante del bienestar del paciente con esquizofrenia. Realizar algún deporte resulta beneficioso en términos de relajación, sociabilidad y gasto energético. Sin embargo, se recomienda evitar la práctica de deportes extremos que puedan disparar una crisis como el montañismo, buceo u otros que pongan en riesgo la integridad del paciente.
Los grupos de apoyo, con su riqueza de información y las experiencias de sus integrantes pueden ser una excelente herramienta de ayuda tanto para el paciente como para sus familiares.
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